Como católicos que somos, la Pascua es la celebración litúrgica más importante del año. Es un día en que reafirmamos nuestra fe en la Resurrección de Cristo entre los muertos. Constituye el evento que atestigua la victoria del amor de Dios sobre el pecado y la muerte y le da a nuestra esperanza de vida un fundamento tan sólido como la roca.

Recordamos las palabras del Papa en el Regina Coeli del año pasado: “en estos días repetimos: ‘¡Cristo, mi esperanza, ha resucitado!’. Y en Él también somos resucitados, pasando de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad del amor. Permítanos, por lo tanto, alcanzar el mensaje consolador de la Pascua y envolvernos en su luz gloriosa, que disipa la oscuridad del miedo y la tristeza”. Porque “el Jesús resucitado camina a nuestro lado. Se manifiesta a los que lo invocan y lo aman. Primero en oración, pero también en simples alegrías vividas con fe y gratitud. También podemos sentirlo presente al compartir momentos de cordialidad, acogida, amistad o contemplación de la naturaleza”.

Por último, pedimos  a la Virgen María que pueda atraer la paz y la serenidad, los dones del Resucitado, para compartirlos con nuestros hermanos y hermanas, especialmente con los que más necesitan ahora consuelo y esperanza.

Manuel Hurtado Macías / Hermano Mayor / Hermandad de la Yedra