Nuestra Señora de la Esperanza Coronada

Hermandad de la Yedra · Nuestros titulares

Nuestra Señora de la Esperanza Coronada

Una historia de siglos y una devoción que encontró en la Yedra su nombre de Esperanza.

La historia de la imagen y el estudio de su autoría permiten acercarnos al patrimonio artístico y espiritual de nuestra Hermandad.

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Nuestra Señora de la Esperanza Coronada con corona, encajes blancos y manto, en una fotografía de busto
Fotografía: Esteban Pérez Abión. Archivo web de la Hermandad.

Arte e identidad

Ficha de la imagen

Autoría

Diego Roldán, según el estudio de Pablo J. Pomar Rodil

Datación propuesta

Entre 1744 y 1758

Tipología

Imagen de vestir · Dolorosa

Advocación anterior

Virgen de los Dolores

La datación es un intervalo propuesto por el estudio histórico y artístico, no un año de ejecución documentado. La atribución se apoya en el análisis de la imagen y su comparación con otras obras del escultor.

De los Dolores a la Esperanza

Una imagen a través de los siglos

La página original reproduce el estudio del historiador Pablo J. Pomar Rodil. Su investigación reconstruye el recorrido de la dolorosa hasta su incorporación a la Hermandad y distingue las referencias históricas de las hipótesis sobre sus primeros años.

1744–1758 · Datación propuesta

El origen de la dolorosa

El estudio vincula la imagen a la Hermandad del Cristo de la Salud y la Virgen de los Dolores, del convento de Belén. Su realización se sitúa probablemente entre la fundación de aquella corporación y su primera procesión.

14 de diciembre de 1928

La adquisición para la Yedra

Tras su paso por el antiguo Hospital de la Sangre y su venta a «La Lebrijana», un grupo de cofrades adquirió la imagen por 250 pesetas. Con su incorporación a la nueva corporación pasó a recibir la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza.

1930 y 1965

La conservación de la imagen

El estudio registra una restauración en 1930 sin modificaciones sustantivas apreciables en las fotografías. En 1965, Francisco Pinto Berraquero realizó un nuevo candelero, estrenado el 18 de diciembre de aquel año.

2006

El regreso al culto

La historia oficial de la Hermandad recoge su retirada para restauración el 24 de abril y el regreso al culto en octubre. El 30 de octubre se presentó el libro sobre el proceso de restauración, realizado por Francisco Bazán Franco, Francisco García Brenes y Pablo Pomar Rodil.

Leer el estudio histórico completo de Pablo J. Pomar Rodil

Texto del estudio reproducido en la página original. Sus expresiones temporales, como «hasta nuestros días», corresponden al momento de su redacción; no describen una revisión del estado de la imagen en 2026.

La Hermandad del Cristo de la Salud y la Virgen de los Dolores fue fundada en el año 1744 en la iglesia de Nuestra Señora de Belén del convento de mercedarios descalzos ubicado en la actual plaza Belén. Entre ese año y el de 1758 en el que salió por primera vez en procesión, debió de ser realizada la imagen dolorosa de esta corporación, a la que muy probablemente acompañaría otra de san Juan en sacra conversatio con la que compondría un conjunto iconográfico muy del gusto de la época.

Apenas trece años después, el 16 de septiembre de 1771, fue suprimida como el resto de las cofradías por Real Decreto del Consejo de Castilla, si bien la procesión de sus imágenes titulares continuó hasta 1776, pero sin cofrades. Con posterioridad a este año, la devoción, que nunca debió de estar especialmente arraigada, languideció y sus titulares permanecieron en la quietud del templo mercedario al menos hasta el 19 de agosto de 1835, cuando su convento quedó definitivamente clausurado tras la Desamortización. Con posterioridad a aquel año, si bien sabemos que la iglesia siguió en pie hasta que en 1962 se derribó todo el conjunto, la mayor parte de sus altares e imágenes fueron distribuidos entre las parroquias de la ciudad, probablemente cuando el convento empezó a servir de cárcel real en 1837.

Debió de ser éste el momento en que las imágenes de la Cofradía de los Dolores, tras pasar brevemente por San Lucas y San Mateo fueron depositadas en la iglesia del antiguo Hospital de la Sangre, cuyo patronato había pasado a la Ciudad. Allí recibieron culto hasta que en el año 1900 la dolorosa fue sustituida por otra de producción seriada de las realizadas por la fábrica El Arte Cristiano de Olot (Gerona). Entonces, la original fue situada en una de las galerías altas del edificio hasta que en el año 1928 la madre superiora de las Hijas de la Caridad, congregación que atendía el hospital, ya conocido como Asilo de San José, decidió deshacerse de la imagen, que vendió por cien pesetas a una chamarilería de la calle Empedrada llamada “La Lebrijana”.

Según testimonios orales, la ubicación de la imagen en el establecimiento permitía que se viese desde la calle y muy pronto sedujo a los miembros de algunas de las cofradías de la semana santa local que estaban en proceso de fundación o refundación. La primera hermandad en interesarse por la dolorosa fue la del Santo Crucifijo de la parroquia de San Miguel, si bien sus cofrades decidieron posponer la compra hasta no recabar la opinión de algún especialista que les pudiese peritar su valía artística. Este fue el tiempo que aprovecharon el grupo de entusiastas que la adquirieron, el día 14 de diciembre de 1928 por 250 pesetas, con la intención de fundar una cofradía en la ermita del Santo Cristo de la Yedra. De entonces tan sólo conserva la hermandad un recibo de siete pesetas firmado por la Lebrijana y, en los libros de cuentas de un par de años después, los sucesivos apuntes de devolución a los cofrades que prestaron el dinero a la hermandad para la adquisición de la imagen.

Además de las eventuales indicaciones que pudo dar la vendedora sobre el origen de la pieza, su procedencia era evidente: envolviendo la espiga de la mano izquierda para mejorar su sujeción había impresos de los usados por las monjas del asilo solicitando ayuda económica para montar el monumento eucarístico del jueves santo. Por otra parte, el peto que portaba bordado con el escudo de su extinta cofradía del siglo XVIII confirmaba su primitivo origen y advocación. A partir de aquel momento, la Virgen de los Dolores pasaría a denominarse Nuestra Señora de la Esperanza y con esta nueva advocación llegó a ostentar en la ciudad una gran devoción.

Durante este periodo de casi ochenta años que va desde la adquisición en 1928 hasta nuestros días, la imagen no ha sufrido alteraciones fundamentales. Aun así, hemos podido constatar que en el año 1930 fue restaurada, quizá para reparar las pequeñas secuelas físicas de tan azarosa historia, si bien la comparación de la imagen en su estado actual con fotografías inmediatas a su adquisición permite descartar modificaciones sustantivas. Muchos años después, en 1965, y ante el mal estado que presentaba el candelero original, fue sustituido por uno nuevo que realizó el escultor Francisco Pinto Berraquero y que estrenó el día 18 de diciembre de 1965.

Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza conservada en el archivo histórico de la página, reproducción 1
Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza conservada en el archivo histórico de la página, reproducción 2
Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza conservada en el archivo histórico de la página, reproducción 3
Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza conservada en el archivo histórico de la página, reproducción 4
Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza conservada en el archivo histórico de la página, reproducción 5

Imágenes del archivo de la página original. Se mantienen a su resolución disponible; no se les asignan fechas de toma que no estén documentadas.

El estudio artístico

Diego Roldán y la autoría de la Esperanza

La autoría de la imagen se presenta conforme a la conclusión de Pablo J. Pomar Rodil. El historiador formuló su atribución en 2004 y la reafirmó tras el examen de la pieza durante su restauración.

El escultor y su taller

El estudio sitúa a Diego Roldán en Sevilla hacia 1700 y documenta su actividad en Jerez desde 1722. Era nieto de Pedro Roldán, sobrino de Luisa Roldán y primo de Pedro Duque Cornejo, con quien se ha supuesto su aprendizaje. Su muerte se sitúa probablemente hacia 1765.

Los indicios de la atribución

El análisis compara los rasgos del rostro y las manos con otras obras del escultor. También examina los ojos de cristal colocados por la parte frontal de la mascarilla, los dientes de nácar y los trazos de grafito localizados en el interior de la boca.

El estudio considera confirmada su atribución por estos indicios. Los trazos de grafito se describen como probable parte de una inscripción; no se presentan aquí como una firma completa legible ni como un contrato de ejecución.

Leer el análisis artístico completo de Pablo J. Pomar Rodil

Como señalamos al inicio, parece lógico pensar que la dolorosa fuese realizada dentro del arco cronológico existente entre la fundación de la hermandad y su primera salida procesional, es decir, entre 1744 y 1758. En esos catorce años se encontraba activo con taller abierto en la ciudad el escultor Diego Roldán, a quien ya habíamos atribuido la obra tras un detenido análisis formal. La relación directa con la imagen durante los meses que ha durado la restauración, nos ha brindado la oportunidad de conocer la pieza a fondo. Así, hemos podido deducir las técnicas y materiales empleados y comparar cada forma y cada elemento con los de otras dolorosas documentadas o atribuidas al maestro, lo que nos ha permitido ir más allá de la mera atribución.

La figura de Roldán ha sido recientemente objeto de varios estudios, principalmente basados en hallazgos documentales y atribuciones bien fundadas. Último eslabón de una afamada familia de escultores sevillanos, Diego Roldán nació en Sevilla hacia 1700. Nieto de Pedro Roldán, sobrino de Luisa la Roldana y primo de Pedro Duque Cornejo -con quién se le ha supuesto el aprendizaje- está documentado desde 1722 en Jerez, donde permaneció hasta su muerte, acaecida probablemente en torno al año 1765. De su taller salieron numerosas imágenes, esculturas para retablos, ángeles lampareros y abundantes relieves y pequeñas figuras destinados a ornamentar sillerías de coro o cajoneras de sacristía. Con el apoyo de los estudios aludidos y debido a que tanto los rasgos faciales, como la anatomía corporal y el tratamiento de las telas los realizaba con repetitiva personalidad, no carente por otra parte de cierta torpeza, hemos podido identificar una serie de estilemas propios que al refrendarse en toda su obra permiten la relativamente fácil identificación de otras piezas no firmadas o documentadas.

En el caso que nos ocupa, el de las imágenes de vestir, concretamente en el de las dolorosas, tenemos un tipo claro y bien definido. La escultura se reduce al busto, al que no dota de volumen en el pecho ni de articulaciones en los hombros. La cabeza no tiene el pelo tallado, tan sólo una tonalidad castaña marca su contorno. El rostro, evidentemente el elemento que más lecturas nos permite, presenta un contorno ovalado y de considerable anchura, con los pómulos poco marcados y con ligera depresión a la altura de los ojos. Éstos, que son grandes, como sus pupilas, se disponen bien abiertos y en oblicuo, marcando frecuentemente, con las cejas curvilíneas y arqueadas, un ligero frunce en el entrecejo. Las orejas presentan pabellones carnosos y bien desarrollados, por lo general con el lóbulo perforado para poderla dotar de zarcillos. La boca, de labios finos, se dispone entreabierta con la lengua retraída. La dentadura superior está tallada mediante postizos individualizados, generalmente realizados en nácar. La nariz es recta y sus fosas nasales pequeñas, casi circulares.

No podemos dejar de señalar para terminar de definir el modelo de dolorosa de Roldán otro elemento que se repite sistemáticamente en todas ellas: las manos. Sabemos que de la Virgen de los Dolores de Lebrija Roldán se limitó a realizar su mascarilla, por lo que no contamos con ninguna dolorosa documentada con la que refrendar que este modelo de manos que describiremos a continuación es efectivamente obra del sevillano. Sin embargo, la comparación con las del San Pedro Claver de la Iglesia de Madre de Dios de Jerez, imagen procedente de la de Santa Ana del antiguo colegio jesuita de la ciudad, y que está documentada como obra suya realizada en 1741, no deja lugar a dudas. Sus palmas presentan unos pliegues muy suaves, donde no se llegan a marcar las líneas; el anverso se presenta abultado, con los nudillos deprimidos formando una línea de hoyuelos muy característicos. A pesar de una apariencia un tanto tosca, están dotadas de un gesto sensible y delicado quizá proporcionado por la forma y disposición de sus dedos, de torneado fino pero no estilizado. Éstos mantienen entre si notable separación, excepto el corazón y el anular, más unidos, y varían su dirección en pocos grados, interpretando así una variante del modelo llamado “de tenedor”. Por último, el pulgar, inconfundible, está deformado por aplastamiento en su extremo, y su uña redondeada. De este modelo genérico de la dolorosa de Roldán cabe destacar también algunas consideraciones particulares en relación con su ejecución material. En primer lugar podemos señalar el modo de realizar los ojos mediante piezas de cristal colocadas por la parte frontal de la mascarilla, lo que hemos podido comprobar con la documentación gráfica de la imagen de los Dolores de Lebrija y en las placas radiográficas de la de la Esperanza. Desde luego, se trata de un uso poco habitual en la imaginería de la época, que muy probablemente constituiría una técnica propia de este taller jerezano. Pero sin duda, el elemento más llamativo de todos es el de los dientes postizos que Roldán utiliza sistemáticamente en sus dolorosas. Se trata de dientes tallados de manera individual pero sin diferenciación de las piezas, mostrando todas, independientemente de su ubicación, la apariencia de los incisivos centrales de una persona adulta. El material, madreperla de nácar, que le aporta un brillo característico, es sin duda alguna otra de sus particularidades, siendo Roldán el único escultor que sepamos que los utiliza dentro de la escuela sevillana.

Por último, hay que señalar que la obra de Diego Roldán está mayoritariamente firmada. En el caso de las dolorosas, contamos con el ejemplo de la Virgen de los Dolores de la Hermandad del Nazareno de Lebrija, que está firmada en el plano de ensamble de la mascarilla, como quedó de manifiesto durante la restauración llevada a cabo en 1987 por Isaac Navarrete y Rosario Martínez.

Llegados a este punto, tenemos que reconocer con satisfacción que la atribución que en 2004 realizamos por analogía, ha quedado ya confirmada por este análisis. Además del parecido evidente con otras obras del maestro sevillano, la Virgen de la Esperanza tiene los ojos de cristal colocados por delante, los dientes de nácar, las manos siguen el modelo ya descrito y desde el hueco de la boca hemos podido localizar trazos de grafito que muy probablemente sean parte de una inscripción semejante a la de la dolorosa de Lebrija: Nuestra Señora de la Esperanza es una obra de Diego Roldán realizada entre 1744 y 1758.

14 de septiembre de 2013

La Coronación Canónica

Nuestra Señora de la Esperanza fue coronada canónicamente en la Santa Iglesia Catedral de Jerez. El solemne pontifical fue presidido por el entonces obispo diocesano, D. José Mazuelos Pérez.

Momento de la imposición de la corona a Nuestra Señora de la Esperanza bajo su palio
Momento de la coronación. Fotografía conservada en la página original.

Consultar la historia de la Hermandad

El cuidado de la imagen

Vestidor

D. José Carlos Gutiérrez Romero

Nombre indicado en la página original. La Hermandad lo reconoce como «nuestro hermano y vestidor» en su comunicado oficial de diciembre de 2025.

Referencia pública más reciente localizada: 15 de diciembre de 2025.